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abr 27

ANATOMÍA DE LA VÍA ÓPTICA

La vía óptica se inicia en la retina, donde se hallan las células bipolares y las células ganglionares. Los cilindroejes de estas últimas van a formar el nervio óptico, el cual abandona el globo ocular y se dirige hacia el agujero óptico para penetrar en la cavidad craneal.

La unión de ambos nervios ópticos constituyen el quiasma óptico, donde se decusan parte de las fibras correspondientes a las retinas nasales. Las fibras correspondientes a las retinas temporales no se decusan, permaneciendo homolaterales.

En los extremos posteriores del quiasma óptico nacen las cintillas ópticas que divergen hacia atrás bordeando los pedúnculos cerebrales para alcanzar el cuerpo geniculado externo, pequeña protuberancia redondeada engastada en el pulvinar del tálamo óptico.

En el cuerpo geniculado externo terminan los axones de las células ganglionares y se inicia la 3ª neurona de la vía óptica. Desde aquí parten las fibras que se dirigen a la corteza visual constituyendo las radiacciones ópticas. Una parte de estas fibras, las anteroinferiores, corforman una acodadura llamada asa de Meyer en la que están contenidas las proyecciones de las retinas inferiores. Esta configuración explica las cuadrantanopsias superiores que se producen en caso de lesiones de lóbulo temporal.

A nivel de corteza occipital la información recibida y codificada por la retina inicia su transformación en sensación visual.

Trayecto de las vías ópticas desde la retina hasta corteza occipital, ubicando lesiones y su afectacción en el campo visual.

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